martes, 19 de mayo de 2015

La historia de Lil

Así comienza...
Había una vez, en un lugar muy lejano llamado Bombadú; una niña pequeña, tan delgada y paliducha que tenía de mote el nombre de “Gusanito de Queso”, por esos gusanitos pequeños y blanquitos que nacen en los quesos cuando se humedecen.
Se llamaba Lil, nombre que había cogido de un ángel azul cuya estatua se alzaba majestuosa en la fachada de su casa.
Lil tenía cuatro años aproximadamente, cuando da comienzo esta historia.
Silenciosa, triste, melancólica, solía ver jugar a otros niños sin que la dejaran participar, no porque ella no quisiera, sino porque la rechazaban.
¡Con lo que a ella le encantaba formar esas rondas de calle y cantar bellas canciones!
Hablaba poco, pero cuando lo hacía, sus sentencias eran tan verdaderas que la gente huía asustada por no poder soportar sus juicios.
Le encantaba la lluvia y muchas veces, cuando se iba con su abuela Lena a visitar a sus primos del Norte, hacía con ellos pequeños barcos de papel, que luego depositaba en los charcos que se formaban en los bordillos de las aceras para verlos navegar.
Su cara se transformaba en tristeza cuando su pequeño barco chocaba con algún objeto y se quedaba atascado; era el fin de la competición y de su juego.

En las tardes de calor y siesta, cogía a escondidas, con sus primos Queli y Oscar, ciruelas de los árboles. La casa de la abuela Angélica, de nombre “La Humberto”, tenía muchos árboles frutales y ellos aprovechaban esas horas de tranquilidad, para guardarlas en los tubos huecos de las patas de bronce de las camas antiguas. Luego se las comían sin ser vistos y así evitaban las reprimendas.

(Texto extraído de mi libro La historia de Lil publicado por Editorial E.C.U.)
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http://www.librolibro.es/libro/la-historia-de-lil/9788484547181

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