miércoles, 29 de abril de 2015

Olor a tostadas


La palabra hogar proviene de fuego. En las generaciones anteriores nuestras madres y nuestras abuelas eran las encargadas de mantener vivo el fuego en el hogar, lo hemos disfrutado muchas veces cuando el olor a comida casera nos recibía apenas llegábamos de la escuela o cuando saboreábamos una torta tibia a la hora de la merienda. La vida actual con sus profundos cambios nos lleva a formas nuevas de vivir la vida en familia, hoy no sólo el hombre sale al mundo externo para conquistarlo, sino que también la mujer se empeña en la conquista de espacios fuera de la casa y entonces, ¿quién queda para cuidar el fuego del hogar? Es frecuente que los chicos lleguen solos a su casa, calienten en silencio su comida o se preparen la merienda y busquen en la pantalla de la televisión o de la computadora una compañía. 
El silencio y la falta de tiempo para compartir una sencilla comida son un pobre alimento para la naturaleza de los niños, el hecho de que sea un mal común en nuestra época no debe impedirnos llamarlo por su nombre. Guardar un equilibrio entre los mandatos de la época y las responsabilidades de la crianza es un tema complejo y siempre resulta difícil sin embargo, cuando observamos en nuestros hijos malestares físicos, escolares o sociales debemos cuestionarnos si esos desajustes no se deben a que para “darles lo mejor” los estamos descuidando. 
La familia es el hábitat primordial del ser humano: un refugio contra la dureza del mundo externo, un sitio para elaborar fracasos, para aprender valores, para pasearnos en pantuflas con la mayor confianza. Un hogar representa mucho. Por supuesto que en la gigantesca empresa de fundarlo hay y habrá errores, pero no es allí donde reside el mayor obstáculo. El mayor problema siempre es el descuido, la ausencia, el abandono emocional y el balance tardío de sentir que hemos dejado a nuestros hijos demasiado solos, en una guarida segura y cómoda pero vacía, sin olor a tostadas.

Texto de Mónica. E. López
Ilustración: Chuck Groenink


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Preciosa reflexión Cristina, pude volver el tiempo hacia atrás y disfrutar del olor de esas tostadas, el calor del hogar y dedicación de mi amada madre. Gracias.

Anónimo dijo...

Preciosa reflexión Cristina, pude volver el tiempo hacia atrás y disfrutar del olor de esas tostadas, el calor del hogar y dedicación de mi amada madre. Gracias.

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