miércoles, 18 de marzo de 2015

LOS NIÑOS Y LA COHERENCIA


Uno de los mitos sobre la infancia afirma que los niños son caprichosos. No es así, toleran menos las frustraciones, que no es lo mismo. Si entendemos por capricho una conducta errática, inesperada, a la que cuesta encontrarle justificación o sentido, los niños son lo menos caprichoso que se pueda hallar.
Eso que los adultos llamamos “fantasía del mundo infantil” es sólo su mejor explicación disponible en ese momento, y puede que nos resulte graciosa, pero para ellos va muy en serio. Ese niño que le pide un juguete a su madre y, cuando ella se justifica diciendo que no tiene dinero, él replica “Pues, vamos al banco y lo sacas”, está dando su mejor teoría hasta ese momento, la mejor explicación del mecanismo. Luego la reemplazará por otra, y luego por otra, y así construye su mapa del mundo.
Viven sedientos de congruencia. Esperan y necesitan que su mundo, y el mundo que rodea a su mundo, sea previsible, responda a leyes y reglas que se pueden aprender y que se cumplan.
El caos les asusta, y la hipocresía les repugna o desconcierta. Si los adultos con los que crecen tienen conductas caprichosas, se angustian, se asustan o enferman, según la gravedad de lo que ocurra. Los niños se enfrentan a noticias en torno a elecciones, manejos de poder, de justicia, y reclamos de legitimidad, escenas de violencia.
Mal podemos pedirle a los niños que aprendan y respeten reglas cuando ellos ven que “en el mundo real” éstas se saltan y, a veces, desde las mismas instituciones.

Texto: Luis Pescetti.
Ilustración: Kristina Swarner

Quizá pueda interesarte:

Related Posts with Thumbnails