sábado, 20 de diciembre de 2014

Felices fiestas


Para mis queridos lectores de libros, web o facebook, os quiero dedicar esta imagen de amor y armonía, de unión del hombre con el animal.
En estos días especiales en donde nos reunimos con nuestros seres más cercanos, y alguna que otra vez, no tan queridos, por favor recordad que estamos todos unidos, y que así como nosotros tenemos emociones, también los animales y los vegetales sienten. La única diferencia es que: nosotros podemos decir, y ellos siempre tienen que aceptar nuestras decisiones.
Como dice una querida amiga vegana, las fiestas del dolor, porque para celebrarlas muchos animales tienen que sufrir una muerte segura.
Estas son fiestas de contrición, de preguntarse si hemos actuado bien con las personas con las cuales nos hemos relacionado durante el año, si hemos sido agradecidos, si hemos mentido para perjudicar a otros, si hemos intentado hacer feliz a alguien, si hemos sido generosos, si no es así, te aseguro que no vale de nada que comas como un cavernícola, bebas como un cosaco o escuches música a los gritos, lo oscuro que hay en ti te perseguirá hasta el rincón más infinito del cosmos porque donde vayas, allí estará tu remordimiento.
Como alma en pena, sí, como alma en pena vagarás, porque la fiesta dura lo que un cohete en el cielo. Deja de huir y quítate la máscara, que cuanto antes lo hagas más pronto verás el sol.
Felices fiestas para los que ya se han quitado su máscara. 
TEXTO: María Cristina Salas.
Ilustración: Autor desconocido.

"Me preguntáis cómo me volví loco. 

Ocurrió así: 

Un día, mucho antes de que nacieran los dioses, desperté de un profundo sueño y descubrí que habían robado todas mis máscaras, las siete máscaras que había modelado y usado en siete vidas. 

Huí sin máscara por las atestadas calles gritando: "¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos Ladrones!". Hombres y mujeres se reían de mí, y algunos corrieron a sus casas temerosos de mí. 

Y cuando llegué a la plaza del mercado, un muchacho de pie sobre el tejado de una casa, gritó: "Es un loco!". Alcé la vista para mirarlo y por primera vez el sol besó mi rostro desnudo, y mi alma se inflamó de amor por el sol y ya no deseé más mis máscaras. Como en éxtasis grité: "¡Benditos, benditos sean los ladrones que me han robado mis máscaras!". 

Así fue cómo me volví loco. 

Y he hallado libertad y salvación en mi locura; la libertad de estar solo y a salvo de ser comprendido, porque aquellos que nos comprenden esclavizan algo nuestro.
Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón”.

Texto: Kahlil Gibran

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