domingo, 25 de agosto de 2013

Homenaje a Maurice Sendak


Así como Donde viven los monstruos consolidó a Maurice Sendak como un referente de la literatura infantil con solo 37 páginas, 10 frases y 338 palabras -en 1964 recibió la Medalla Caldecott, una especie de Pulitzer de la literatura infantil-, también fue retirado como si ardiese de las estanterías de no pocas librerías. El cuento, a principios de la década de los 60, era una historia políticamente incorrecta, alejada de prototipos, de paradigmas ñoños y de valores didácticos. En el otro extremo, proclamaba las bondades de encontrar el monstruo que hay en cada uno de nosotros y convertirse en su propio rey, domesticarlo y amaestrarlo, aprendiendo a vivir un auténtica aventura de la mano de nuestros miedos e inseguridades. Maurice Sendak nunca creyó que hubiese que proteger a los niños durante toda la vida. Ni que a los niños hubiese que ocultarles sentimientos como la furia y el odio. El ilustrador reveló en varias ocasiones que lo que quería era dar a entender que los más pequeños deben empezar a descargar su rabia para hacer frente a situaciones familiares y encontrar caminos para lograr un mejor equilibrio interior. «Si los niños no pueden mejorar muchas de las situaciones emocionales de su realidad diaria, sí lo pueden hacer en su imaginación».
“Donde viven los monstruos” es un clásico vigente hoy día porque retrata con gran expresividad los temores y deseos de nuestra infancia: nuestros monstruos, las incomprendidas rabietas, el miedo al abandono y a que nuestros padres nos dejen de querer. El hecho de ser secuestrado y separado de los padres fue una pesadilla recurrente en el propio autor, y que refleja en su cuento al final del mismo.
“Los niños, me consta, desgastan los ejemplares en las bibliotecas y los releen constantemente en sus casas. Algunos me han enviado dibujos de sus propios monstruos, que hacen de los míos ositos de peluche. Todavía no he tenido noticia de ningún niño al que le haya asustado el libro.”
La noche que Max se puso su traje de lobo y se dedicó a hacer faenas de una clase y de otra, su mamá le llamó ¡MONSTRUO! Y Max le contestó  “Te voy a comer” y le mandaron a la cama sin cenar.
Esa misma noche nació un bosque en la habitación de MAX y creció y creció hasta que había lianas en el techo y las paredes se convirtieron en el mundo entero y apareció un océano con un barco particular para él y Max se fue navegando a través del día y de la noche entrando y saliendo por las semanas, saltándose casi un año hasta llegar a donde viven los monstruos.
Y cuando llegó al lugar donde viven los monstruos ellos rugieron sus rugidos terribles y crujieron sus dientes terribles y movieron sus ojos terribles y mostraron sus garras terribles.
Hasta que Max les dijo: ¡Quietos! Y los amansó con el truco mágico de mirar fijamente a los ojos amarillos de todos ellos sin pestañear una sola vez y se asustaron  y dijeron que era el más monstruo de todos y le hicieron rey de todos los monstruos.
“Y ahora”, dijo Max ¡que empiece la juerga monstruo!
¡Se acabó! – dijo Max, y envió a los monstruos a la cama sin cenar. Y Max el rey de todos los monstruos se sintió solo y quería estar donde alguien le quisiera más que nadie. Entonces desde el otro lado del mundo lo envolvió un olor a comida rica. Y ya no quiso ser rey del lugar donde viven los monstruos.
Pero los monstruos gritaron: ¡Por favor no te vayas! ¡Te comeremos te queremos tanto! Y Max dijo: ¡No!
Los monstruos rugieron sus rugidos terribles y crujieron sus dientes terribles y movieron sus ojos terribles y mostraron sus garras terribles, pero Max subió a su barco particular y les dijo adiós con la mano.  Y navegó de vuelta saltándose un año, entrando y saliendo por las semanas atravesando el día. Hasta llegar a la noche misma  de su propia habitación donde su cena le estaba esperando. Y todavía estaba caliente.

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