viernes, 17 de junio de 2011

AUGUSTO CURY, PADRES BRILLANTES


La familia de mis sueños no es perfecta, no tiene padres infalibles, ni hijos que no causan frustración. Es en la que los padres tienen el valor de decir: te quiero, me he pasado, lo siento, eres importante para mí. No hay héroes, ni dioses, sino amigos. Amigos que sueñan, aman y lloran juntos. Los padres se ríen cuando pierden la paciencia y los hijos se burlan de su propia tozudez. La familia de mis sueños es una fiesta, un lugar sencillo, donde hay gente feliz.
Tenemos que pedirles disculpas cuando nos equivoquemos (por levantar la voz, por juzgarles precipitadamente, por actuar exageradamente…) para que puedan aprender a disculparse ellos también. Necesitamos humanizarnos. Cuando hay amor la obediencia es natural, espontánea. La verdadera autoridad y el respeto nacen del diálogo. Una prueba para saber que tal padres somos es ver que piensan de nosotros los amigos de nuestros hijos.
No gritemos, no agredamos, no respondamos con agresividad, contémosles historias. Una de las mejores formas de educar es contando historias, poniéndoles ejemplos, parábolas.
Los padres brillantes jamás desisten aunque les decepcionen, son sembradores de ideas y no controladores, siembran y esperan a que un día germinen las semillas. En la espera puede que nuestros hijos se droguen, que no respeten la vida, que no duren en ningún trabajo, puede haber desolación. Debemos ser como el padre del Hijo Pródigo, él nunca desistió, aguardó hasta que la vida enseñó a su hijo lo que no quiso aprender con él, el dolor le enseñó y a su regreso el padre no le condenó, celebró una fiesta. Nunca debemos perder la esperanza, aún heridos debemos seguir luchando.
No vas a ser nada, nadie, vas a terminar fatal, no tienes arreglo… Todo esto les hunde y deprime. Los jóvenes que pierden la esperanza no consiguen superar los conflictos. Los que pierden sus sueños se vuelven opacos, siempre gravitan alrededor de sus derrotas y miserias emocionales.
Creer en el más bello amanecer tras una noche turbulenta, es esencial para tener salud psíquica. No importa la magnitud de nuestros obstáculos, sino el tamaño de la motivación que tengamos para superarlos.
Los pequeños gestos que producen emociones intensas, influyen más en la formación de la personalidad de los niños que los gritos y las presiones.
(Extracto de PADRES BRILLANTES, MAESTROS FASCINANTES
AUGUSTO CURY
Zenith/Planeta)

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