martes, 10 de mayo de 2011

Padres brillantes, maestros fascinantes



EDUCAR ES tener esperanza en el futuro aunque los jóvenes nos decepcionen en el presente. Es sembrar con sabiduría y cosechar con paciencia.
Vivimos en la época de la comida rápida y también de las emociones rápidas.
Nada cuesta esfuerzo y esto les lleva y nos lleva a perder el placer por las pequeñas cosas, por los pequeños placeres. Se necesitan hacer muchas cosas para obtener poco placer. Los jóvenes se han vuelto fluctuantes, inestables, insatisfechos. No se educa en cuestiones emocionales, no se aprende del sufrimiento que es el que construye la sabiduría.
Se debe enseñar a manejar los pensamientos, a calmar la mente, a hacer cosas simplemente por placer. Pero sólo se les enseña a manejar el estudio, y con el exceso de información obstruimos la inteligencia y el placer de vivir.
Un educador excelente es el que tiene serenidad para darse y sensibilidad para aprender.
Debemos darles menos regalos, pero darnos más de nosotros mismos.
No dejarles ser arrastrados por el consumismo, hablarles, contarles cosas, llorar con ellos, regalarles nuestro tiempo, nuestros días tristes, nuestros sueños, nuestras alegrías.
Los niños necesitan menos tiempo delante de la televisión, delante de los ordenadores y video consolas, menos actividades programadas y extraescolares, menos juguetes fabricados y más tiempo. Tiempo para inventar, correr, jugar, reír, explorar...
Educar es entrar en el mundo del otro. Educar la emoción, crear vínculos. Dar más afecto, y menos críticas y fricciones. En la memoria se almacena privilegiadamente lo vivido con emociones: amor, odio, tristeza, alegría…Cuando tengan un enemigo, tenemos que enseñarles a que comprendan sus flaquezas y a perdonarle, porque si no lo hacen su mente no les permitirá olvidarlo y lo traerá continuamente a su memoria irremediablemente.
Cuando nos equivocamos, no debemos para compensar nuestro error ser más suaves después, ni tampoco comprarles con regalos, lo único que de verdad servirá profundamente como enseñanza será que reconozcamos nuestro error.
Debemos hacerles saber que no están en las notas del pié de página de nuestra vida, sino en las páginas centrales. Los padres tienen que sonreír, elogiar, disfrutar de los momentos que pasan con sus hijos. Abrirse a ellos tal como son, compartir su vida con ellos, su ser. De vez en cuando hacer cosas diferentes con ellos, preguntarles sobre su vida, decirles lo importantes que son para nosotros…Ninguna técnica funcionará si el Amor no funciona.
(Extracto de PADRES BRILLANTES, MAESTROS FASCINANTES
AUGUSTO CURY
Zenith/Planeta)

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