miércoles, 20 de octubre de 2010

Exhortaciones de un padre azteca a su hijo

“No te burles nunca de los ancianos, ni de las personas deformes. No te burles de quien veas que comete una falta, y no se la eches en cara. Recógete en tu interior y examina si lo que te molesta en los demás puede ocurrirte a ti.
No vayas a donde no te llaman, y no te mezcles con lo que no te interesa. Trata de poner de relieve tu educación con tus palabras, así como con tus obras. Cuando hables con alguien no le agarres de la ropa. No hables demasiado, y no interrumpas nunca a los demás con tu plática. Si oyes pronunciar palabras necias, si no es alguien que esté a tu cargo, contén la lengua. Si no puedes permanecer en silencio, sopesa tus palabras, y no pongas de relieve la falta con arrogancia, para que tu lección no sea mal recibida.
Cuando alguien te hable, escúchale con atención y respeto, sin mover los pies, sin morderte el manto, sin escupir, y sin levantarte a cada momento si estás sentado; pues este comportamiento es muestra de ligereza y de una mala educación.
A la mesa, no comas demasiado deprisa, y no muestres tu desagrado si un plato no te gusta. Si llega una persona a la hora de comer, reparte con ella tu comida y no la observes mientras come.
No mientas nunca, pues mentir es un grave pecado. Cuando refieras a alguien lo que otros te han dicho, di la pura verdad y no añadas nada por tu cuenta. No hables mal de nadie, y calla respecto a las faltas que veas en los demás, si no es obligación tuya corregirlas”.
(Extracto del libro La tradición del Indio Norteamericano, Un modo de vida por E. Thompson Seton – J.M. Seton)

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